
"Hemos notado que en esta época del año, la gente se desea mucha felicidad. Nosotros proponemos que esto se extienda para todo el año, ¿que opinas tú de esto?" Eso fue lo que textualmente me expuso un compadre con lentes y cara de baboso acompañado de una chava fea y tímida que cada vez que la volteaba a ver bajaba la mirada, así como diciendo "que pinche oso estamos haciendo".
Estaba yo trabajando plácidamente este segundo día del año en casa de mis jefes, cuando sonó el timbre y a sabiendas de que mi señora madre había salido a Gigante con mi sobrina, me pareció prudente ir a atender la puerta, ya que mi padre trae gripa y hace un frío de la vil chingada. Él me advirtió que seguramente era una señora gorda que iba a cobrar el correspondiente abono (chiquito claro) de la "famosa" colcha. Yo como ni he visto y mucho menos disfrutado la colcha pues me dio curiosidad, así que hasta apuré un poco el paso por el jardín para poder asomarme a la calle. Ahí veo a estos dos curiosos especímenes platicando sin la más mínima de las penas. Me dio risa y disfrutaba cada momento que ellos seguían en su sabrosa plática (inaudible para mi mala suerte) y para nada se daban cuenta de mi presencia. Después de 5 segundos eso se volvió aburrido y tuve que echarme el arrogante y patético "Sí dígame" (ese que me sale tan natural).
Después de recetarme el discurso/mamada del susodicho y ya con sus ojos esperanzados y ansiosos en mi respuesta, yo sólo pude soltar un escueto pero muy sincero: "No pos está bien" Esperé unos instantes para ver si decía algo más, y como no dijo más concluí que ya había terminado así que le dije "hasta luego", le hice una seña de cordial despedida con mi mano derecha y me di media vuelta para regresar a mis deberes. Alcancé a oir algo así como "hasta luego y gracias por su atención". Siempre he pensado que esta temporada del año hace que la gente se apendeje, pero ahora sí se pasaron.
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